Marca personal · Comunicación · Digitalización
Antes de digitalizar nuestra profesión, necesitamos aprender a comunicarla
Cuando un profesional tradicional empieza a digitalizarse, suele pensar primero en herramientas. Pero hay algo que aparece antes que todo eso: la forma en la que comunicamos.
Cuando un profesional tradicional empieza a digitalizarse, suele pensar primero en herramientas: redes sociales, página web, creación de contenido, productos digitales, estrategias de venta, inteligencia artificial.
Pero hay algo que aparece antes que todo eso: la forma en la que comunicamos.
Porque una marca personal no empieza cuando abrimos una cuenta en Instagram, publicamos nuestro primer video o diseñamos una identidad visual. En cierta medida, nuestra marca personal ya existe. Está construida por la percepción que otras personas desarrollan sobre nosotros a partir de cómo pensamos, cómo hablamos, cómo explicamos una idea, cómo escuchamos, cómo resolvemos un problema y cómo nos relacionamos con los demás.
Digitalizarnos simplemente hace que todo eso empiece a suceder en una escala diferente.
La marca personal no es solamente una estrategia de contenido
Cuando hablamos de marca personal muchas veces reducimos el concepto a aquello que mostramos en internet.
Qué publicamos.
Qué colores utilizamos.
Cómo se ve nuestro perfil.
Cuál es nuestro nicho.
Qué estrategia de contenido seguimos.
Todo eso puede formar parte de una estrategia de marca, pero la marca personal es bastante más amplia.
Una parte importante se construye a partir de la experiencia que generamos en otras personas.
Por eso nuestra forma de comunicarnos también construye marca.
La manera en la que ordenamos nuestras ideas.
Las palabras que elegimos.
Nuestra capacidad para explicar algo complejo de manera sencilla.
Las preguntas que hacemos.
Nuestra forma de escuchar.
Los temas sobre los que decidimos posicionarnos.
Los valores que aparecen recurrentemente en nuestro discurso.
Incluso nuestra manera de reconocer aquello que no sabemos.
Todo eso transmite información sobre quiénes somos.
Y cuando llevamos nuestro conocimiento profesional al entorno digital, estos elementos adquieren todavía más importancia porque, muchas veces, las personas van a conocernos primero a través de nuestra comunicación antes de experimentar directamente nuestro trabajo.
Digitalizarse también implica aprender a traducir nuestro conocimiento
Los profesionales tradicionales tenemos un desafío particular.
Durante años aprendimos a comunicarnos dentro de determinados contextos profesionales.
Utilizamos terminología específica, compartimos determinados códigos y muchas veces estamos acostumbrados a hablar con colegas o con personas que ya llegan a nosotros entendiendo parcialmente qué hacemos.
Internet cambia ese contexto.
De repente necesitamos explicarle nuestro trabajo a alguien que posiblemente no conozca nuestra profesión, no comprenda nuestra metodología y ni siquiera tenga completamente identificado el problema que necesita resolver.
Ahí aparece una habilidad fundamental: traducir conocimiento sin perder profundidad.
No significa simplificar nuestro conocimiento hasta volverlo superficial. Significa desarrollar la capacidad de adaptar nuestro lenguaje para que la otra persona pueda comprenderlo.
Un profesional puede tener muchísimo conocimiento y, sin embargo, encontrar enormes dificultades para comunicarlo.
Y en el mundo digital eso representa un problema porque el conocimiento que no logramos transmitir difícilmente pueda convertirse en contenido, confianza, posicionamiento, productos, servicios o ventas.
Comunicar bien requiere ordenar primero el pensamiento
Existe además una dimensión de la comunicación que me parece especialmente importante: la capacidad de organizar nuestras propias ideas.
Para explicar algo necesitamos decidir qué es importante, qué es secundario, qué necesita contexto, qué ejemplo puede facilitar la comprensión y en qué orden conviene presentar la información.
Por eso trabajar nuestra comunicación también nos obliga a trabajar nuestra forma de pensar.
Cuando intentamos escribir un artículo, grabar un video o explicar nuestra propuesta de valor aparecen rápidamente las ideas que todavía no tenemos suficientemente claras.
¿Qué quiero decir?
¿Por qué esto es importante?
¿Para quién es importante?
¿Qué problema estoy intentando resolver?
¿Cómo puedo explicarlo de una manera sencilla?
¿Qué quiero que la persona comprenda después de escucharme?
Estas preguntas no sirven solamente para crear contenido. También ayudan a estructurar un negocio.
Porque cuanto mayor es nuestra claridad interna, mayor suele ser nuestra capacidad para transmitir esa claridad hacia afuera.
La autenticidad tampoco significa comunicar sin estrategia
Acá aparece una confusión bastante habitual.
Construir una marca personal auténtica no significa simplemente decir todo lo que pensamos exactamente de la manera en la que aparece en nuestra cabeza.
La autenticidad no elimina la necesidad de trabajar la comunicación.
Podemos ser genuinos y, al mismo tiempo, aprender a ordenar mejor nuestras ideas.
Podemos mantener nuestra personalidad y mejorar nuestra capacidad de síntesis.
Podemos conservar nuestra forma particular de hablar y aprender storytelling.
Podemos defender nuestros valores y adaptar nuestro vocabulario dependiendo de quién tenemos enfrente.
Trabajar la comunicación no debería convertirnos en otra persona.
Debería permitirnos expresar con mayor claridad quiénes somos, qué pensamos y qué podemos aportar.
Ahí está, para mí, una de las grandes diferencias entre construir un personaje para internet y construir estratégicamente una marca personal.
La comunicación también es parte de la venta
Todo esto termina conectando con otra habilidad fundamental para cualquier profesional que quiere construir un negocio alrededor de su conocimiento: vender.
Porque vender también es un proceso comunicacional.
En una conversación de venta necesitamos escuchar.
Necesitamos hacer preguntas.
Necesitamos comprender qué está intentando resolver la otra persona.
Necesitamos interpretar qué información necesita.
Necesitamos explicar nuestra propuesta.
Necesitamos adaptar nuestro vocabulario.
Y necesitamos comprobar que aquello que nosotros estamos diciendo es efectivamente aquello que la otra persona está comprendiendo.
Por eso aprender técnicas de venta sin trabajar previamente nuestra capacidad comunicativa puede producir conversaciones rígidas, artificiales o excesivamente estructuradas.
Y esas son competencias comunicacionales.
La comunicación atraviesa todo el negocio
Cuando empezamos a observarlo de esta manera, aparece algo interesante.
La comunicación no es solamente una habilidad para crear contenido.
Está presente cuando grabamos un video.
Cuando escribimos un artículo.
Cuando diseñamos una propuesta comercial.
Cuando respondemos un mensaje.
Cuando explicamos nuestros servicios.
Cuando tenemos una reunión.
Cuando damos una clase.
Cuando negociamos.
Cuando vendemos.
Cuando lideramos un equipo.
Cuando atendemos a un cliente.
Por eso considero que, para un profesional tradicional que está comenzando a digitalizarse, trabajar su comunicación puede ser mucho más importante que obsesionarse inicialmente con dominar cada nueva plataforma o herramienta.
Las herramientas cambian.
Los algoritmos cambian.
Las plataformas cambian.
Pero nuestra capacidad para comprender a otra persona, organizar una idea y transmitirla de manera clara sigue siendo un activo que podemos llevar de un contexto a otro.
Antes de amplificar nuestra voz, necesitamos trabajarla
El mundo digital nos proporciona algo extraordinario: amplificación.
Una idea que antes podíamos compartir con una persona, hoy puede llegar a cientos, miles o incluso millones.
Por eso construir una marca personal también debería implicar un proceso de entrenamiento.
Escribir.
Hablar.
Grabar.
Escucharnos.
Observar cómo explicamos.
Detectar cuándo utilizamos palabras innecesariamente complejas.
Aprender a sintetizar.
Practicar la escucha activa.
Construir argumentos.
Contar historias.
Adaptarnos a diferentes interlocutores sin perder nuestra identidad.
No para comunicarnos de una manera perfecta.
Sino para conseguir que exista cada vez menos distancia entre lo que pensamos, lo que queremos transmitir y lo que finalmente comprende la persona que tenemos del otro lado.
Y quizás ahí esté una de las bases más importantes de una marca personal sólida.
Porque antes de pensar cómo queremos que nos vea internet, necesitamos aprender a expresar con claridad quiénes somos, qué sabemos, qué pensamos y de qué manera podemos ayudar.
Después podremos trabajar estrategias, contenido, posicionamiento, productos y ventas.
Pero todo eso va a apoyarse sobre una capacidad mucho más elemental:
nuestra capacidad de comunicar.
